Había una vez un niño llamado Nept que vivía en Roma.
Un día entró en una cueva mágica que le hizo un hechizo:
Podría controlar el agua; él no lo sabía.
Un día descubrió sus poderes cuando se le iba a caer un vaso de agua encima
pero él sin saber cómo; hizo que el vaso volviese a la mesa.
El pensó: “Cuando se lo cuente a mis amigos ojalá me creyeran. Cuando se lo contó a sus amigos ellos le dijeron: “eso es una mentira” “no es verdad” “lárgate”.
Pasaron unos días y él se lo demostró y, así ya le creyeron.
Cuando fue mayor y tuvo fama de tener esos poderes los dioses lo vieron y le convocaron para que fuera un dios como ellos.
Él aceptó y a partir de ese momento empezó a llamarse Neptuno el dios de los mares; el quiso ponerse “uno” al final del nombre porque era la única persona que tenía esos poderes.
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